La ansiedad es la más común de las emociones básicas del ser
humano y se encuentra presente a lo largo de toda nuestra vida.
Si bien existen numerosas situaciones que al común de las
personas nos provocan ansiedad, como por ejemplo el rendir un examen, el tener
que hablar ante un gran numero de personas, concurrir a una entrevista de
trabajo; todas ellas situaciones generadoras de sentimientos de inseguridad
para la mayoría de nosotros.
Pero hay quienes frente a estas obligaciones
sociales suelen ponerse tan ansiosos que
su vida se transforma en un calvario. Es aquí cuando nos encontramos frente al
llamado “Trastorno de Ansiedad Social” caracterizado
por un temor exagerado y persistente a sentirse expuesto a la opinión de los
demás y miedo a hacer el ridículo.
Los temores más frecuentes son: Miedo a comer o a hablar en
público, miedo a encuentros con personas de otro sexo, miedo a ruborizarse,
miedo a tartamudear o no saber que decir, miedo a concurrir a eventos sociales,
entre otros.
Siendo las sensaciones
más comunes: sudoración excesiva, palpitaciones, tartamudeo, náuseas, sensación
de ahogo, vómitos, diarrea, mareos, hasta llegar a presentar comportamientos de
evitación y alejamiento de las situaciones temidas llegando a abandonar sus
estudios o trabajo, no poder formar y mantener una pareja o familia,
dependencia financiera y a la aparición de otros trastornos secundarios a la
ansiedad social como la depresión, abuso de alcohol u otras sustancias, ideas
suicidas etc.
Si bien se desconoce el número exacto de personas con trastorno
de ansiedad social, muchos estudios han demostrado que 1 de cada 8 personas
desarrollan la enfermedad a lo largo de su vida, el problema es que muy pocas
son diagnosticadas o logran comenzar un tratamiento psicológico ya que existe
la creencia de su ámbito familiar o de relación que son solo personas tímidas o
introvertidas y que mejorarán con el transcurrir del tiempo.
Lic. en Psicología
Selene Dávoli Pereyra
M.P.6700.